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Alabanza Maxima
Restauración de la Alabanza

Tomado de Sigueme.

Nuestros cultos muchas veces son demasiado rígidos. Pero el culto cristiano debe ser una aventura. Cuando la iglesia es adoradora, nadie quiere perderse sus servicios pues corre el risgo de desaprovechar una extraordinaria bendición.

¡Que harmoso y agradable es ver a una congregación alabar al Señor! Pero la función específica de la alabanza no es su dinámica de grupo, sino la individual.


Veamos lo que dice Judson Comwall: alabanza no es una función de las masas, es el responder de un individuo a su Dios. Cuando un grupo de individuos escogen unirse en alabanza, sus alabanzas individuales se unen en grupo, pero cada expresión viene de distintos individuos.

El mismo autor recalca esta verdad en la siguiente frase: siempre he dicho que mucho antes de que el Señor requiera alabanza congregacional, pide alabanza personal e individual.
Una vez que hayamos aprendido a alabar como individuos, tendremos poca dificultad en participar de la alabanza grupal. Así que, ¡cánte, compártala, demuéstrela, grítela o interprétela, pero empiece! Decida que usted sí alabará al Señor.

Quitar los impedimentos

Hay tres impedimentos para alabar el nombre del Señor; si estos no son removidos, pocos resultados tendremos en ser personas de alabanza.

1. Hay que quitar todo pecado que hayamos cometido, pues de lo contrario no entraremos a la presencia del Señor
El profeta Isaías lo expresó así: Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestos pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír (Isaías 59: 2).
Si procuramos expresar alabanzas a Dios y los cielos parecen estar cerrados, no reprenda al diablo, arrepiéntase de su pecado. Cuando hemos pecado somos conscientes de ello y lo mejor que podemos hacer es un acto de confesión; cuando lo hacemos, el Señor se encargará de lo demás, la alabanza entrará a los cielos por el perdón obtenido, y nuevamente estaremos en victoria.

2. Otra cosa que puede estorbar nuestra alabanza, son las enemistades.
Cristo dijo: por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda (Mateo 5: 23-24). Dios nos enseña el principio de la reconciliación. Por lo tanto reconcíliate con el que estás enemistado, para que como dice la Biblia: Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias (Filipenses 4: 6).
Para que nuestras peticiones y ruegos sean conocidos, deben hacerse sin impedimentos y con alabanza, que es acción de gracias.

3. Los prejuicios de la alabanza son otra de las cosas que pueden impedirla.
Si queremos una alabanza pura, plena del mover del Espíritu Santo, tenemos que despojarnos de todo prejuicio y temor. Algunos excesos en la alabanza han creado malestar en nuestro ser, y tal vez por eso no queremos participar en ella. Cuando tenemos prejuicios, nos programamos. Y no solamente esto, sino que nos encerramos en una torre inexpugnable, donde nadie, ni Dios, puede entrar para tener comunion con nosotros.
Los prejuicios producen ostracismo y, por ello, muchos pierden bendiciones que sólo son para quienes están abiertos a la alabanza.

Venir al culto con actitud y mentalidad de alabanza
Nuestro estado de ánimo puede convertirse en fuerte obstáculo para que la alabanza se manifieste acompañada de sus bendiciones en nuestros cultos.
Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre (Salmo 100: 4).
Cuando entremos por los atrios de la casa del Señor, vengamos ya con una alabanza fresca. Dios nos usará como instrumentos para encender la chispa del fuego divino, y nuestro culto será una bendición a los que estén en él; poque hay adoradores que vienen al servicio, no a traer sus penas y tristezas, sino la alegria de haber pasado todo un día en alabanzas.

Dar tiempo para ello en todo programa
Nuestros cultos muchas veces son tan rígidos que hemos llegado a matar la poca vida que en ellos tenemos. Todo esta tan ordenado y programado que el Espíritu Santo no puede obrar porque no se le da lugar en nuestro programa. Hay diferentes maneras y formas en la alabanza: las hay individuales como los cánticos especiales; las hay colectivas, donde todos pueden participar. Dejemos que el pueblo goce. ¡A eso ha venido!

El culto cristiano debe ser una aventura; pero como se lleva a cabo hoy, uno ya sabe hasta lo que pudiese suceder. Por eso algunos prefieren quedarse en casa para mirar televisión o hacer cualquier otro menester que los divierta.
Cuando la iglesia es adoradora, nadie quiere perderse sus servicios, pues corre el riesgo de perder una extraordinaria bendición y quizás hasta la solución de algunos de sus problemas.

No interrumpir cuando ella se manifieste
He visto en una gran cantidad de iglesias que cuando la alabanza comienza a producir frutos, el líder o dirigente del programa anuncia: Vamos a cantar un coro, o simplemente comienza a cantarlo, y apaga ese mover poderoso que ella a producido.
¿Por qué no dar tiempo a que la gente se exprese en alabanza y se sumerja en la presencia de Dios?
Si damos tiempo para esa expresión y no interrumpimos la bendición porque tenemos un programa rígido que cumplir y este se convierte en un verdugo que nos impide tener má profundidiad espiritual en nuestros cultos, veremos mejores resultados en cuanto a conversiones, sanidades y más acercamiento de los hermanos a Dios.

¡Qué desesperante resulta llevar un culto con nuestros propios esfuerzos! Parece que lleváramos una pesada carga en nuestros hombros. Pero cuando damos lugar a la alabanza y no la interrumpimos, el servicio se lleva con las fuerzas sobrenaturales del Señor.
Lo imposible comienza a suceder ante nuestros ojos, y continuamente veremos la gloria de Dios.
Seremos sorprendidos cuando la gente venga por cientos a nuestra iglesia a convertirse, porque en ella encontrarán lo que no se les brinda en otro lugar: la presencia de Dios.

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